Bibi era una chica podría decirse que linda, alta y delgada, de cabellos rizados y castaños, ojos color miel, graciosa, era una chica de familia bien y acomodada. Bibi estudiaba medicina lo que consumía gran parte de su tiempo y prácticamente no tenía actividades sociales, era el orgullo de sus padres, era su única hija y última nieta del abuelo Pablo.
En una ocasión que salió con sus amigas llegaron a un bar muy exclusivo de la ciudad, donde sólo se juntaban chicos de su mismo nivel social. Ella se divertía con sus amigas hablando de las escasas aventuras que cada una tenía, después de un par de copas de vino se levantó al baño cuando regresó con ellas había llegado a la mesa contigua un chico con look súper desenfadado atractivo y misterioso, cabello largo hasta los hombros, estaba con dos amigos más que se veían un poco más formales, lo cual le causó mucha curiosidad porqué dos muchachos serios andaban con uno que se veían muy fuera de lugar en ese bar.
Siguieron bebiendo un poco más de vino, una de las amigas de Bibi preguntó a la mesera si sabía quien era el chico misterioso, ella les respondió que era el hijo de un funcionario del estado, las chicas rieron efusivamente dirigiendose a Bibi con picardía el chico además de misterioso es adinerado, vamos aprovecha esta noche y haz una locura, por ti, por nosotros y nuestras aburridas vidas de aspirantes a médico. Ustedes están muy mal, se sintió mareada a causa del alcohol y se dirigió al baño nuevamente, cuando regresó el chico misterioso estaba en su mesa y los amigos de ambos habían desaparecido, se sentó, lo miró y sonrío nerviosamente diciendo mis amigas están completamente locas. El chico la miró, terminó su cigarrillo y le preguntó si tenía algún problema en acompañarlo un rato más, no se sentía de humor para regresar a su casa, a escuchar la joda de su padre, está bien respondió ella temiendo tener que dar una excusa para salir corriendo.
Contrario a lo que esperaba la conversación se había tornado interesante, a pesar de su aspecto era muy elocuente aunque un poco mal hablado, era dificil que lograra concretar una sola idea que no llevara una mala palabra, con todo y todo parecía un tipo encantador, después de mucho vino y conversación decidieron irse juntos, dejaron el carro de ella en el bar y pagaron un extra para que se los permitieran. Bibi por primera vez hacía una locura, llegaron a un hotel de bajo perfil el tomó todo con mucha calma, no hubo arrebatos pasionales, todo era como a ritmo de jazz, profundo y delicioso.
Después de un par de horas regresaron al bar para que ella recogiera su carro, la acompañó conduciendo tras ella para asegurarse que llegará con bien a su casa, se despidieron y quedaron de verse entre la semana. Comenzaron a salir con frecuencia, pronto estaban locamente enamorados uno del otro. Se llamaba Octavio era un estudiante de Arquitectura, su padre siempre habían deseado que siguiera sus pasos, pero él en un total acto de rebeldía se había negado rotundamente, por lo que vivían riñendo constantemente, se había refugiado en la droga de forma ocasional. Con el tiempo Bibi lo supo pero no le dio mucha importancia, estaba locamente enamorada de él. El tiempo pasó y pronto tuvo que comenzar su residencia en un Hospital fuera de la ciudad, lo que hizo muy díficil su relación con Octavio, y aunque él hacía lo posible por estar con ella, que siempre estaba con sueño, cansada y aburrida. Después de varios meses todo había terminado, ella había dejado claro que aunque lo quería no podía hacerle eso, arrastrarlo a una vida que no era la suya. En su época como residente conoció a Benjamin un doctor con mucho prestigio en el hospital, unos años mayor que ella pero igual un hombre de su mundo, un año más tarde estaban haciendo sus votos frente a varias personas.
Octavio que se había enterado de la boda por la sección de sociales, llegó sin invitación a la iglesia y permaneció toda la ceremonia, lloraba de tristeza porque Bibi había sido la única mujer con la que había logrado plantearse un futuro, se aseguró que ella lo viera al salir. Cuando Bibi lo vio no pudo ocultar su confusión, lo había querido como a nadie, pero ella estaba casada con el hombre conveniente.
Ayer ambos eran felices, reían, charlaban de todo y de nada, hacían el amor a ritmo de jazz. Hoy Bibi lee el epitafio de Octavio, llorando y culpándose de la muerte de ese uno de sus grandes amores.