El teatro de la ciudad, estaba abandonado desde hacía un par de años, los costos de su mantenimiento eran muy altos decía el Alcalde Municipal, solía pasar frente a el con regularidad a veces se paraba a contemplarlo y suspiraba imaginando las bellezas que albergaba dentro de él, los momentos de gloria que habrían vivido cientos allí dentro, le daba mucha nostalgia pensar el eso.
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Estaba parada frente a la entrada principal, era de noche y hacía frío, estaba vestida como para una fiesta, todo estaba completamente oscuro, era una locura pero cuando llegó a la puerta principal estaba abierta, su corazón latía muy fuerte, entró sin pensar, no podía ver nada la oscuridad era total, cerró sus ojos aunque no entendía para qué igual con ellos abiertos no podía ver nada, avanzó y comenzó a escuchar el sonido lejano de un saxofón, lo cual le erizó la piel pero decidió seguir el sonido, subió las escaleras hasta llegar a la zona de butacas, el sonido se hacía más fuerte era una canción que parecía demasiado familiar, abrió la puerta para entrar y avanzó a tientas cuando sintió una manos llegar a su cintura acercándola a un cuerpo, un olor a jazmín llegó a su nariz, el cuerpo desnudo de ese hombre olía a jazmín.
Sus impulsos no le permitían pensar, la música seguía sonando y esos labios se acercaron a los suyos, tenía la sensación de haberlos besado miles de veces, sentido esas manos recorrer su cuerpo, la apoyó contra la pared la subió a la altura de su cintura y empezaron a hacer el amor. Era un frenesí incontrolable, estaban agotados cuando terminaron, estaba extasiada volteó solo un momento para recoger su ropa, cuando se incorporó él ya no estaba allí, sin preámbulo las luces se encendieron lo que la llevó a despertarse - excitada aún pero triste - Ese estúpido sueño de nuevo se dijo a si misma, no entendía porque todo era tan real podía sentir aún su cuerpo húmedo, sus labios que aunque nunca había visto sabría reconocerlos si los probará en el mundo real, su olor a jazmín, la música y el teatro, ¿Porqué el viejo teatro?, no entendía nada nunca soñaba y ahora llevaba una semana con esa idea en la cabeza.
Se levantó de su cama, tomó una ducha, se arregló para salir como de costumbre a su trabajo. Parecía un día normal, el sol era brillante, las nubes azules y la brisa fresca; ese día prefirió caminar un par de cuadras para llegar a su oficina, al llegar su jefa la recibía con una sorpresa. "Estoy enferma y no podré asistir al evento de beneficencia que organizó la compañía, necesito que vayas en mi lugar, el vestido está la tintorería pasa por él creo que también se ajusta a tu cuerpo". En su mente recordaba tener planes, un partido de fútbol que no quería perderse, y ahora estaba obligada a ir al aburrido baile de beneficencia, le tocaría decir un discurso para el que no estaba preparada, pero bueno que mas había que hacerle frente.
Cerca del medio día se retiró para recoger el vestido, una cita en el salón de belleza y luego a casa para prepararse, tenía que estar impecable y hacer sentir lo menos posible a todos la ausencia de su jefa. Llegó y terminó de organizar algunas cosas, llevaba un vestido rojo con algunas transparencias sutiles, tacones alto, el cabello recogido, unos aretes largos de plata, simples pero elegantes. Los invitados comenzaron a llegar y como parte del protocolo ella debía recibirlos, había memorizado la lista de invitados especiales. Después de media hora daba inicio el evento, subía al escenario a dar su discurso y bajaba entre aplausos y sonrisas.
Necesitaba un trago sin duda, llegó hasta el servicio de bar pidió un vino; mientras estaba de espaldas sintió acercarse un olor a jazmín lo que la puso muy nerviosa, él se acercó y susurró que su discurso lo había conmovido y que su belleza lo había dejado sin aliento. Cuando volvió la mirada para elogiar su atrevimiento, lo vio y sonrío, agradeció ambos cumplidos, comenzaron a charlar, la música comenzó a sonar y bailaron un par de baladas mientras seguían hablando. Era un tipo muy interesante, la noche se tornaba demasiado cálida, las horas habían pasado sin darse cuenta, al final el aburrido baile de beneficencia habían tenido un salvador, un ángel. Decidieron tomar una copa juntos, fueron al bar del hotel y se sentó al lado de ella, charlaron por un rato, en algún momento tomó su mano y se acercó a su rostro, se unieron en un beso. Al sentir sus labios y su lengua rozando la suya, era una conexión, era el beso, el beso del hombre de ese sueño que la perseguía.
Eso era demasiado, su cerebro no podía asimilarlo, le pidió permiso para ir al baño, en lugar de eso salió corriendo, abordó un taxi y llegó a su casa, se encerró en su cuarto y recostó en la cama, se aprisionó en su almohada y recordó los besos, el teatro, ellos dos allí haciendo el amor en total oscuridad, sin saber quien era ese extraño, porque el destino lo llevó a su vida y ella había decidido escapar de él. Al día siguiente con la resaca del desvelo y el vino, llegó a su oficina y para su sorpresa estaba allí un hermoso arreglo de jazmines con una nota que decía: "Te vi en mis sueños, te toqué y te hice mía, ayer que te encontré me parecía mentira una jugada misteriosa del destino, esperaba tener la oportunidad de hacerlo realidad, pero me dejaste en bar sin decir una palabra. Estoy rumbo a nuevo destino en el mapa, en el que lastimosamente no estarás, pero espero poder visitarte en tus sueños como lo hice hasta ahora, te quiere tu ángel salvador"