jueves, 20 de octubre de 2011

Volver (Cuento)

Habían pasado varios meses desde aquel beso, desde aquella noche extraña, y esa sensación de pérdida que llevaba clavada en la mente y corazón. La nostalgia no era un estado en el cual se sentía cómoda, no podía olvidar el olor a jazmín de su cuerpo, esos besos que había repasado tantas veces en sus sueños, esos que la habían abandonado desde aquel día. ¿Porqué no volvían a sus sueños? ¿Estaría pagando su torpeza, su inseguridad al dejarlo allí esa noche? ¿Porqué no había hecho lo que sus deseos le dictaban? Debes volver a mi y remediar esto que siento le decía al silencio las noches en que necesitaba un cuerpo tibio a su lado.
Los días seguían pasando y decidida a olvidarlo de una vez por todas,  quiso irse  de vacaciones, en una especie de retiro de sanación, que mejor que hacer algo que siempre había deseado, estar en el puente de Carlos, en esa ciudad hermosa que ha inspirado canciones y artistas, la bella Praga. Quien sabe si un amor aventurero le quitaría esa carga.

Hizo maletas y se marchó con un grupo de viejos conocidos a quienes la idea de darse un respiro les pareció atractiva. Y no los decepcionó, todo parecía allí sacando de un cuento de hadas donde ellas podían ser unas princesas en espera de un principe encantado. Una de los destinos era el Castillo de Praga, era una joya artística, arquitectonica e historica que contaba ya con casi mil doscientos años de antiguedad., en una de esas noches en la ciudad se organizaba una mascarada y sin duda no faltarían.

La noche era hermosa, una exótica luna llena hacía la noche aún  más excitante. Llegaron y el ambiente era un baile de cuento, vestidos que recordaban épocas antiguas, velas, música. Disfrutaban amenamente riendo y decidieron separarse para mezclarse entre la gente, poco les importaba no entender el idioma, solo querían diviersión, alguien a quien amar, ella se sentía libre y feliz por estar allí, por librarse de su recuerdo.

Mientras bailaba, una figura se acercó a ella y su disfrás no permitía ver con claridad su rostro, no dijo nada solo se acerco y bailaron juntos, hasta allí todo iba bien y quiso indicarle de alguna forma que se fueran al hotel. Se escabulleron entre la multitud, llegaron a la habitación del hotel, en el recorrido hasta allí todo eran miradas de fuego y silencio total. Al entrar él la besó apasionadamente, ella mareada por el alcohol le siguió, sabía que algo no estaba bien pero se dejó llevar, las ropas caían al piso como si fueran gotas de lluvia, menos una prenda, la que cubría su rostro, hicieron el amor desenfrenadamente, a todo lo que daba el momento, la locura y la belleza de una ciudad que parecía hecha para inspirar cuentos como este.

Un rayo de luz la despertó, aquel hombre maravilloso no estaba más con ella, pero había dejado una nota sobre la mesita de noche. "Sigues igual de bella, te recuerdo como entonces, disculpame por no decir nada pero temí que volvieras a despreciarme, así que tomé mis precauciones para que no me reconocieras de inmediato, esta fue una de las mejores noches de mi vida y supongo que de la tuya también sin temor a equivocarme. Eras la princesa más hermosa de la fiesta, pero esta noche como las pasadas y las futuras no tienen un final feliz para ti. Siempre estaré muy cerca pero nunca tanto como para compartir tu lecho más de una noche, espero encontrarte pronto en tus sueños o alguna otra ciudad a la que el destino nos lleve. Tuyo siempre, el Angel salvador.

domingo, 9 de octubre de 2011

LA BELLEZA DE SER NIÑOS

Hola de nuevo un gusto retomar mi blog después de un par de semanas de inactividad.

Hace varias semanas mi madre compró un par de alborotos en el mercado y los encontré en la noche cuando llegaba del trabajo, de inmediato se dibujó una sonrisa en mi rostro pues volví a mi niñez. No se ustedes pero yo no guardo una lectura extensa de recuerdos de ninguna etapa de mi vida en mi memoria (como muchos casos que he escuchado que recuerdan hasta que ropa usaban, detalles de eventos, etc.) sin embargo si tengo conexiones emocionales con ciertas cosas que me transportan en el tiempo por ejemplo el caso del alboroto.

Creo que lo más lindo de ser niños o al menos era lo más lindo de ser niño en mi época, era lo poco que necesitabas para ser feliz. Mi infancia estuvo llena de carencias económicas y materiales pero estuvo tremendamente compensada con la suerte de tener a mis padres muy cerca mío todo el tiempo, en especial mi padre quien fue por mucho tiempo mi súper héroe.

Por ejemplo recuerdo que vivíamos en una colonia bastante alejada del centro del municipio y en los primeros años de inaugurada esa colonia no llegaba el transporte público hasta allí y teníamos que caminar desde la casa al colegio en el que estudiaba y viceversa todos los días, que tenía que subir y bajar cerca de 100 gradas, cruzar un puente y una cancha de futbol. También que cuando mi padre tenía partidos de basketball al regresar a casa por la tarde los fines de semana por el camino me pasaban comprando una pupusa la cual iba comiendo en el recorrido. También recuerdo a mis amigos de la colonia, salir a calle a jugar mini softbol en el pasaje, escondelero y mica, pelegrina, jax, trompo, capirucho, ladrón librado, arranca cebolla, ufff y cantidad de juegos más. Lo mejor de todo es que éramos tan inocentes y limpios de morbo, simplemente éramos niños disfrutando el ser niños en ese momento, claro que cada uno de nosotros teníamos nuestras propias realidades en nuestras familias, pero en esos momentos jugando eramos felices. Cuando nos mudamos yo tenía 13 años, me despedí muy triste de todos ellos a un par he tenido la dicha de saber que han evolucionado casi igual que yo y al resto le perdí la pista. Ya en mi adolescencia en mi nueva colonia hice nuevos amigos a cuales sigo llevando en mi corazón por lo especial que fueron en mi vida.

También recuerdo mucho mis mascotas, desde que tengo memoria he adorado a los perros y no recuerdo algún momento en el que no haya tenido uno conmigo, de esa etapa de niñez tengo presente mucho a Gonzo era un perro blanco peludo que parecía un lobito albino, también recuerdo a Laica una perra mezcla de Galgo y Dalmata súper linda, un rotwailer que murió muy pronto (4 meses) y a mi amado Killer creo el perro más bello, imponente y fiel que tuve un hermoso ejemplar que murió envenedado mientras nosotros no estabamos en casa, lo tuve conmigo por 7 años.

Que cuando acompañaba a mi madre al mercado al finalizar las compras el premio era un refresco por lo general de horchata o un atol de piñuela, eso era como una tradición que duró demasiados años y siempre comprábamos en el mismo puesto, está tan arraigado la sensación del sabor tan delicioso tanto de la horchata y del atol de piñuela que créanlo o no, no he probado uno mejor que esos. También  recuerdo que cuando íbamos a San Salvador a hacer algún trámite con mi madre siempre pasábamos a comprar un refresco con soda a una enorme farmacia y que allí había una bascula enorme, eran lo máximo sin embargo la farmacia ya cerró hace años y por supuesto esos refrescos ya no existen más, hasta hace un par de semanas en un café compré una soda italiana que me recordó mucho el sabor que tenían estos pero aún así no son iguales.

Mis cumpleaños nunca fueron por obvias razones ($$$) con piñata y fiestas donde van tus amigos, ni en el colegio, era una celebración súper intima en la familia. Como mi cumpleaños es un día antes del día de la madre se celebraban juntos, si mi padre tenía un poco más de disponible nos llevaba a comer por lo general a la Pizza Hut o al Pollo Loco donde lo que más recuerdo es una inmensa copa de Vaca Negra que siempre pedía, si no había suficiente dinero simplemente comprábamos un pastel por lo general de chocolate como a mi me gusta aunque fuera pequeño, me cantaban el happy birthday soplaba las velitas y listo nos devorábamos el pastel.

Las navidades eran muy poco convencionales también, nos dormíamos temprano y lo más divertido era ayudar a mi padre a cocinar el pollo de navidad, sigue haciendo un pollo de navidad exquisito.

Parece que ya me emocioné muchisimo contandoles fragmentos de mi niñez y como verán muchas de las conexiones emocionales que tengo tienen que ver con la comida, probablemente por eso disfruto tanto cocinar y logicamente comer, también quizas por eso un requisito que debe tener el hombre que esté conmigo es que cocine y rico.

No puedo decir que mi infancia fue perfecta, la verdad no se siquiera si hay una forma perfecta de criar a un niño, pero al menos puedo decir que de los recuerdos que tengo la mayoría son felices, mis padres estuvieron conmigo, me inculcaron fuertemente valores y formaron las bases de la persona que soy hoy en día. Agradezco haber vivido en mi época sin duda alguna donde ser niño y ser feliz era tan fácil, donde las presiones sociales no eran tan fuertes como ahora, donde tus amigos los veias frente a frente, los podías tocar, jugar, abrazar, donde expresar el cariño de hermanos era tan sencillo, donde soñar y creer en un mundo mejor era una forma de vida, donde los juegos eran inocentes, donde te sentabas a la mesa con tus padres, donde estabas junto a ellos y faltarles el respeto era sinónimo de castigo, donde podías salir a la calle por la noche y sentarte con tus amigos a charlar sin temor a nada más que a un regaño por pasarte de la hora, donde las niñas tenían su primer beso después de los quince y perdían su virginidad después de los dieciocho, donde podías ser NIÑO sin tener que jugar al adolescente o al adulto antes de tiempo, donde vivías el día a día y las risas te acompañaban siempre.

Se que suena como una añoranza y probablemente lo sea porque las nuevas generaciones, los niños de hoy tienen un estilo de vida muy acelerado, fuera de ese contacto personal, lejos del ambiente familiar de valores y respeto, el mundo sin duda mejoraría si los niños volvieran a ser NIÑOS, a vivir y a sentir como tal.




NUESTRA CELDA EN EL HOYO

Ayer en la tarde mi hija me insistió que viéramos la película El Hoyo, no muy convencida porque leía gente que decía que era horrible pues m...