domingo, 31 de julio de 2016

CULPABLES POR ACCIÓN U OMISIÓN

Cuando yo aún estaba en el colegio allá por los 90's pertenecía al equipo de cachiporristas, y en algunos lapsus de toda mi vida como tal tuve instructoras muy apegadas a la disciplina, otras más bien enfocadas a caer bien y a caerle bien sobre todo a los miembros de la banda musical.

En la banda de paz (en nuestros tiempos Banda de Guerra), casi siempre había un nivel de exigencia mucho mayor ya que la mayoría eran hombres y requerían un poco más de mano dura (por llamarlo de alguna forma). Recuerdo que en cierta ocasión mientras ensayábamos alguien gritó C... y P... al instructor, obviamente todos guardamos silencio, pues nadie estaba dispuesto a ser el soplón y cargar con esa culpa.

Bajo el ejemplo anterior, había un culpable por acción y el resto de nosotros era culpable por omisión. Hay quienes piensan que es tan culpable el que hace como el que deja hacer, finalmente en este ejemplo, el castigo fue igualmente repartido entre todos, aún recuerdo que los días siguientes caminar fue bastante difícil, el chicharrón había sido magistral.

¿Qué nos hace asumir una culpa que no es nuestra?
¿Qué nos impulsa a ser cómplices de una situación contraria a lo legal, a los valores?

En nuestros días y transportándonos a situaciones cotidianas, nuestras acciones tienen consecuencias inmediatas y a largo plazo, pero a diferencia del ejemplo citado, donde todos fuimos castigados  igual (hechor y cómplice), existen algunas formas diferentes de resolver este tipo de situaciones, por ejemplo:
  1. Se castiga al culpable por acción, asume una condena moral, legal o económica.
  2. Se castiga al culpable por acción y a los culpables por omisión, ambas partes asumen condena de forma igualitaria.
  3. El culpable por acción sale impune, uno o varios de los culpables por omisión son condenados.
  4. El culpable por acción y por omisión salen impunes.
Ahora bien, en los puntos anteriores existe un actor pasivo, el público,  que en este caso somos nosotros, quienes vemos de cerca o de lejos de acuerdo a nuestra realidad, cómo suceden hechos que afectan a una o a muchas personas, incluidos nosotros mismos, y ante nuestra mirada indiferente e inactiva, van creciendo, haciéndose cada vez más fuertes y descarados.

Estamos envueltos como he dicho antes en una atmósfera de miedo, desesperanza y conformismo que no permite que levantemos cabeza, que creamos que con cerrar  los ojos la realidad no va a estallarnos en la cara tarde o temprano.

Nos conformamos con tan poco que nuestro sistema de libertades no es otra cosa que aceptar la realidad que otros quieren para nosotros, porque ya en estos tiempos no tenes libertad de nada y es porque lo permitimos. 

Nuestra maldita costumbre de resolver un día a la vez, de salir al paso como sea posible, de preferir el desorden, de permitir abusos, de aplaudir a los descarados y mezquinos, de apoyar causas perdidas, de esforzarnos lo mínimo, de creernos tan buenos en algo y que con eso tenemos, de volvernos marionetas del destino por el simple hecho de no hacer frente a nuestras decisiones.

No es que no tengamos orgullo necesario, ni la capacidad de hacer las cosas bien, de pensar diferente, de pensar en grande, es simplemente que nos han enseñado a lo largo de los años el retrato de un salvadoreño que no es el mejor (el ganguero, el transero, el buxo, el amiguero derrochador, el camaleón circunstancial).

El día que dejemos de ponernos ese disfraz para salir del paso, y decidamos que para sacar adelante al país es necesario engrandecer nuestras virtudes, nuestro espíritu guerrero, nuestro ímpetu, nuestra intolerancia a las injusticias, nuestro amor por la familia, por el país, por esta tierra tan bendecida. Ese día el país va a tomar otro rumbo.

No seamos Culpables por Acción u Omisión.
No seamos simples espectadores, Seamos Cambio, Seamos Evolución Positiva, Seamos Acción.

jueves, 21 de julio de 2016

SÓLO MUJER

¿Por qué en nuestros días necesitamos utilizar algún tipo de adjetivo para poder definir quienes somos, o para justificar nuestras acciones?

¿Por qué en nuestros días tenemos como sociedad que justificar el porqué suceden ciertas cosas para minimizar el efecto del mismo?

¿Por qué si alguien intenta menoscabar nuestra dignidad preferimos huir en lugar de enfrentarlo?

No se trata que de que nos den un premio, ni que nos hagan reverencias, lo único que pedimos es respeto.

Una amiga me compartió una frase que me parece sumamente interesante, para efectos de esta nota: "El opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre los propios oprimidos" - Simone De Beauvoir.

Muchas veces somos nosotras mismas "mujeres" quienes nos encargamos de destruir la dignidad de otras mujeres, las que buscamos peleas por causas sin sentido, las que utilizamos palabras soeces para referirnos a otras, las que llamamos Luchonas de forma peyorativa a otras que a lo mejor no han tomado las mejores decisiones o que no tuvieron la oportunidad de hacerlo.

Como he escrito en notas anteriores: Ser mujer no es una maldición y deberíamos a pensar y actuar como si lo creyéramos y a vivir bajo el precepto que somos seres únicos, con dones y capacidades increíbles.

Es cierto que aún no estamos en una sociedad con total igualdad en aplicación de derechos, porque aunque nuestra Constitución en el Art. 2 nos define como Persona Humana y detalla nuestros Derecho Individuales, y en el Art. 3 dice que todos somos iguales ante la ley, la realidad es que hay ciertas instancias y aspectos en los que al medir los costos/beneficios de vivir la vida no se mide de igual forma para nosotras, pónganle atención a los detalles, de forma muy objetiva y a lo mejor lo puedan notar.

Hace un par de semanas el nombre de Prudencia Ayala se volvió a escuchar con mucha fuerza, lo que me hace reflexionar acerca del papel de la mujer en la sociedad, en su rol activo dentro de la familia, en la cosmovisión de nuestro El Salvador.

Me lleva a preguntarme ¿Qué estoy haciendo yo por mi familia? ¿Qué aporto a mi comunidad, a la sociedad, al país? ¿Qué estoy haciendo para formar una imagen de fortaleza en mis hijos? ¿Mis acciones abonan en algo a formar su carácter? ¿Soy Feliz? ¿Estoy satisfecha con la persona que quiero ser? ¿Qué mas me hace falta, qué necesito? ¿Sigo teniendo sueños o vivo para lograr los sueños de otros? ¿Yo como mujer, me doy un tiempo para mi?

Nunca está de más tomarnos un tiempo para respirar, para ser sinceras y críticas con nosotras mismas, con la vida que llevamos, con lo que hemos logrado. A veces el resultado de hacer esa evaluación duele, a veces nos hace dar giros esperanzadores, a veces nos llena de más retos, pero finalmente es importante entender que si bien nuestro entorno marca ciertos aspectos de nuestra vida, no tiene porque ser el único factor dominante.

Nuestra voluntad, pasión, cultivo de habilidades, nuestras decisiones forman la otra parte y es la que depende enteramente de nosotras mismas. Reflexiona por ti, por nadie más.

NUESTRA CELDA EN EL HOYO

Ayer en la tarde mi hija me insistió que viéramos la película El Hoyo, no muy convencida porque leía gente que decía que era horrible pues m...