Me tomé el título de la película
de Eugenio Derbez para esta nota porque la historia encaja sin el triste final
por supuesto, ya que voy a hablar de lo más sagrado en mi vida que es mi hija
(Si aún no la has visto te lo recomiendo).
Cuando me enteré que iba a ser
mamá tuve una sensación como cuando se va el agua y te toca bañarte con agua de
la pila a plenas 5 de la mañana y el frío del primer huacalazo te llega hasta
los huesos, o como cuando esperabas un 10 en el examen y sacaste 6, o vas corriendo
en una carrera de relevos y cuando ibas a pasar el bastón te tropezaste y
caíste jajaja, pongo estos ejemplos porque me pasaron a mí, quería gritar y llorar, de hecho lloré por
horas, por suerte tuve un par de hombros en los cuales descansar (mis buenos
amigos, unos siguen estando y otros simplemente les perdí la pista).
Los que me conocen de esos años
saben muy bien la historia, que esa como tal no vale la pena ser contada en
este post. Y empiezo así con total honestidad porque creo que nunca he podido
ser de otra forma, ser madre y/o ser madre soltera puede ser tan terrorífico
como el Huracán Mitch o los dos Terremotos del 2001 o tan hermoso como ver un cielo estrellado en noche
silenciosa, ver un amanecer de principio a fin o comerte un par de pupusas recién
sacadas del comal más cuando tenes hambre (que superficial).
En mi caso fueron, siguen y
seguirán siendo ambos, y en el baúl de los recuerdos hay ambos. Entre los
terroríficos cuando se enferman graves por primera vez y tenes que salir
corriendo al hospital, o cuando sabes que tenes que corregir un mal
comportamiento y luego quedas con remordimiento de conciencia o cuando tenes
que hacer tareas con ellos y salen un ejercicio de Mate que ni siquiera
recordas como hacer pero temes quedar como tonto frente a ellos, o como cuando
queres un momento de soledad y no podes porque sabes que tenes que estar allí,
esos para citar un par de ejemplos pero ufff de esos hay infinidad y cada uno
de los que lea esto saben que así es. Entre los hermosos e invaluables cuando
sin previo aviso te llevan algo diseñado y pensado solo por ellos para
demostrarte que te aman, los abrazos y los besos, cuando hacen su primer acto
en el colegio (querés grabar todo), cuando ganan su primera medalla o trofeo
(estas que el corazón no te cabe en el pecho del orgullo), cuando estas enfermo
y ellos con todo su cariño intentan hacerte comida, esos ejemplos también son
pocos para los que yo guardo en mi memoria.
Fiorella fue y es hoy por hoy lo
máximo, me hizo caso y se sentó cuando estaba en la barriga más o menos a los
seis meses (no quería tener un parto normal, no imaginaba ese estrés así que
rogaba una cesárea), no recuerdo desvelos porque se levantara a media noche, no
recuerdo muchas peleas ni tener que corregirla en exceso aunque tiene su
carácter, aprendió a caminar y hablar rápido y bien así que no tuve que
adivinar que decía, trabaja muy bien sola sus tareas, en fin una maravilla que
debo agradecer a Dios tal cual.
Abajo ven la fotografía de
celebración de cumpleaños adelantado que hicimos con toda mi familia el finde
pasado. Cuando la veo simplemente me parece increíble que el tiempo haya pasado
tan rápido que ya el lunes cumpla once años, que me llegue a los hombros, que
esté en quinto grado, wow es demasiado por asimilar. Me perdí mucho de sus
primeros años por el trabajo y el estudio como sus primeros pasos y palabras y
algunos actos del colegio, pero ahora tenemos conversaciones de banalidades
pero también temas como la Oferta y la Demanda; de todo y nada como buenas amigas, momentos de jugar
futbol en la sala de la casa, de sentarnos a ver una peli juntas. Son todas
esas cosas las que hacen que el paso por la vida sea mágico, que hacen que el
viaje realmente valga la pena.
Y con esto no digo que no podás
ser feliz sin esposo y sin hijos, cada uno piensa y vive como mejor le parece,
simplemente que todos tomamos decisiones en la vida y hay que aprender a
aceptar sus consecuencias (buenas o malas), y tratar de ser felices con
ellas, sin vivir pensando que hubiera
pasado si… ese es el peor error.
En fin concluyendo la nota, veo
en retrospectiva y podrá no estar todo en el “orden correcto”, ni como imaginé
que sería cuando era una niña, pero lo que soy ahora es parte de lo que mis
padres me enseñaron, parte de personalidad, parte de las oportunidades y
pruebas que Dios puso en mi camino y las decisiones que tomé respecto a ellas.
Hoy puedo decir con certeza que soy feliz, y lo que aún no marcha como debería
bueno tengo tiempo aún de reflexionar y enmedar si fuere necesario.
No soy maestra, ni la mejor de
las madres, ni siquiera el mejor ejemplo a seguir, pero trato de replicar lo
que mis padre hicieron bien conmigo y mejorar lo que estuvo medio bien. Si
tienes hijos enseñale desde pequeño valores, a analizar para tomar decisiones,
a ser independiente, a querer y respetar a Dios, su prójimo y a la naturaleza,
comparte con ellos tiempo de calidad, diles que los amas cada día de tu vida,
diles que te sientes orgulloso cuando lo merezcan y corrígelos cuando hayan
cometido una falta. Los hijos en la mayoría de los casos son un reflejo de sus
padres, es en parte tu decisión si quieres que ellos sean un mejor o un peor
reflejo del tuyo.
