En algún lugar del mundo hace unos siglos...
- Después de tantos años juntos me sorprende que aún te mire a los ojos y saber que sonríen al verme.
* Reconocería tu calor, tu aliento, tus manos en esta vida y en la que sigue.
- Te prometo guardarte aquí en mi pecho hasta el final de mis días.
* Te prometo que te encontraré, siempre te encontraré.
- Te doy mi corazón, per sempre noi.
* Te doy el mío a cambio, per sempre noi.
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En algún lugar del mundo en nuestros días...
Hacía un viento frío, casi gélido, se oficiaba una misa de cuerpo presente, un centenar de personas se habían hecho presentes a dar sus respetos y un último adiós. Al final del evento como siempre se quedaron únicamente los más cercanos a la familia para dar un último abrazo de confort a la familia doliente.
Ella con los ojos aguados, esperando que ese lugar, su lugar, le diera las respuestas, no entendía por qué, pero iba siempre que necesitaba reflexionar sobre su vida. Mientras caminaba por las sendas vio la figura de hombre delgado contemplando una estatua de San Miguel Arcángel.
Se sentó por un rato, no pudo dejar de verlo, parecía que tuviera una conversación importante con San Miguel, después de un rato se encomendó y comenzó a caminar en su dirección, aunque aún muy lejos de ella. Por alguna extraña razón no podía apartar su vista de él, el viento empezó a soplar con más intensidad por lo que el sombrero que ella llevaba se fue con él, llegó hasta los pies de aquel extraño.
Él se inclinó a recogerlo para entregárselo a su dueña.
* Se lo agradezco mucho, me habría dolido mucho perderlo.
- No fue nada, un dragón habría sido un poco más complicado de vencer.
* Una respuesta poco esperada pensó. Le he visto frente a San Miguel por mucho rato
- Es digamos una vieja costumbre, demasiado arraigada quizá, debió parecer ridículo
* Eso nunca, más bien curioso, me pareció muy particular que parecía tener una conversación con él
- Si me acompaña en el recorrido a la salida con mucho gusto le explico de que hablamos.
Y ese fue el primero de sus encuentros, salieron varias ocasiones en diferentes actividades, conversaron de todos los temas que su curiosidad les permitía, reían mucho cuando estaban juntos y pronto sin decirlo estaban enamorados. Pasaron los meses, eran cada vez más unidos, se entendían en cada aspecto de su vida, tanto que se sentía extraño, se sentía que se habían pertenecido desde antes de ese día.
Ella esperaba con ansias el fin de semana para volver a verlo, conversar, hacer el amor con su amado, con su alma gemela, pero la esperada llamada para concretar el plan del día nunca llegó, tampoco un mensaje, no hubo nada, solo silencio.
Los primeros días fueron insoportables, sentimientos encontrados y todos elevados de intensidad. Dolor, odio, añoranza, desconcierto, no entendía que había pasado, no entendía ese silencio que le estaba rompiendo el corazón y el alma. Al cabo de una semana recibió una carta escrita a mano, era de él, disculpándose por su ausencia, explicando muy poco de sus razones, pero prometiendo que entendería cuando llegara el momento. Como un simbolismo, le enviaba un medalla de un corazón, con una nota más pequeña que decía "Te lo devuelvo, eres libre".
Un año después recibió una llamada, esa voz llegó de su oído directo como un golpe a su pecho, era él, se quedó paralizada, fría, perpleja, no sabía que decir, y supo que aún lo amaba.
- No me cuelgues por favor
* No lo haré, pero no sé que decir, no creo siquiera poder pensar de forma coherente
- Estoy en el lugar que nos conocimos y necesito que vengas, se que no tengo ningún derecho de pedirte nada, pero necesito que vengas.
* Está bien, allí estaré
- Te amo
* Yo te odio, pero no he dejado de amarte, espérame.
Durante todo el camino no pudo dejar de llorar, su corazón estaba desbordado, su alma estaba inquieta, conducía sin mucho control, la velocidad siempre lograba hacerla sentir bien, pero no esta vez...
Él la espero toda la tarde, pero ella nunca llegó...
Dos días más tarde se despedía de ella " Nos vemos en la siguiente, espero que el destino nos lleve donde siempre quisimos estar".
Un mes más tarde él también había fallecido.
*****
Dos extraños que caminan por lados opuestos de la calle frenan justo frente Basílica de María Auxiliadora, la contemplan absortos, como quien recibe un premio por el que tanto luchó.
¡Es simplemente hermosa! exclamó ella como quien no puede contener la emoción.
Él la miró rápidamente, y no pudo evitar volver a verla, pero lento, sonrió - Claro que es hermosa
Se miraron, sus almas se reconocieron al instante...