sábado, 23 de noviembre de 2019

POR SI NO TE VUELVO A VER...

Hace algún tiempo me hicieron llegar con buen criterio el libro "La ridícula idea de no volverte a ver" de Rosa Montero, es un libro muy personal, muy emotivo, con historias entrelazadas. El libro en un resumen muy escueto es que trata sobre el amor y la pérdida, la pérdida de un ser amado.

En un inicio cuando lo comencé a leer creí que de manera muy prodigiosa había llegado a mis manos para aminorar la posible pérdida de alguien a quien quiero mucho, gracias a Dios y a sus milagros no ha sido así y aún cuento con esta persona en mi vida, perderle habría sido demasiado duro.

Sin embargo, a este día creo que objetivo fue por otro suceso, también profundo, doloroso, lleno de consternación y de oscuridad. Hace un poco más de cuatro meses que pareciera que a mi padre se lo tragó la tierra.

Y en mi vida, como suele pasar, nada es tan normal, ni tan sencillo. Casos en los que debes poner una escala más arriba el bienestar y seguridad de los que tenes con vos, de las personas que dependen de vos, es donde tu espíritu y tu mente entran en un conflicto entre lo que quisieras hacer y lo que debes hacer pensando con cabeza fría.

Claro, esas decisiones te destrozan un poquito cada día, dejas que todo siga su curso y esperas que Dios, la magia, la vida, se encargue de darte las respuestas en algún momento.

Y pues, ahora de alguna manera puedo decir que entiendo el calvario de muchos salvadoreños que han perdido de la noche a la mañana a un ser querido así, de pronto, sin señales, sin respuestas y lo peor sin esperanzas cuando vez que pasa el tiempo y lo único que podes hacer es seguir adelante.

Y es también cuando te llegan las culpas y los hubiera, quizá en parte es eso lo que duele más. Duele no haberle dicho y demostrado más seguido que los amabas. Uno suele dar por hecho que la gente que está en tu vida saben que  los amas.

Y pues nada, por si alguien te conoce o por si no te vuelvo a ver, me habría gustado que supieras:

  • Que agradezco cada instante que me dedicaste, porque fuiste mi mentor, el que siempre me impulso a ser independiente, fuerte, valiente. A hacerle frente a mis convicciones a pesar de sus consecuencias, porque no se puede ir por la vida diciendo una cosa y haciendo algo totalmente diferente.
  • Que cada vez que veo un partido de los Lakers o del Real Madrid recuerdo que veía los partidos contigo, y que era divertido llevarte siempre la contraria.
  • Que hay que saber diferenciar en quien confiar, pero también a quien se le puede deber un favor.
  • Que la vida es solo una, y hay que disfrutarla porque a eso venimos.
  • Que no hay que poner en manos de nadie nuestra libertad y nuestra dignidad, mucho menos por dinero.
  • Que amaba nuestras conversaciones de política, de economía, de historia, de la vida en general.
  • Que me viene a la mente especialmente aquel concierto de guitarra al que me llevaste cuando era una niña.
  • Que Pink Floyd ahora me duele y me sana, porque era una de tus bandas favoritas y de hecho también lo es de las mías.
  • Que recuerdo siempre que inclusive cuando te llevaba la contraria,  que soy una extensión tuya, y que nunca dude ser tu favorita, la niña de tus ojos.
  • Que siempre respeté tus decisiones, como vos respetaste las mías, aunque a veces nos parecieran equivocadas.
  • Que amaras a mi hija, que te sintieras orgulloso también de ella.
  • Que trato de ser la mejor madre que puedo ser, porque si ella me ama y me recuerda bonito, a pesar de lo feo y lo oscuro que siempre hay porque perfectos no somos, me daré por bien servida.
Y sé que esto puede parecer frío para muchos, porque hay gente que cree que el hecho de que no llores es sinónimo de que no te importa.  No es cierto, simplemente que cada uno lleva sus pérdidas, sus soledades, sus necesidades lo mejor que puede para no quebrarse.

Para aquellos que no tienen a sus padres con ustedes, hacer un ejercicio de recordar lo bueno con alegría siempre ayuda a llevar mejor los momentos en que flaqueas.

Para aquellos que los tienen, ámenlos, cuídenlos, traten de perdonar. No sabemos cuando será nuestra última oportunidad de abrazarlos, de decirles que los amas.



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