miércoles, 28 de enero de 2015

NO SE ACEPTAN DEVOLUCIONES - 11 AÑOS DESPUÉS

Me tomé el título de la película de Eugenio Derbez para esta nota porque la historia encaja sin el triste final por supuesto, ya que voy a hablar de lo más sagrado en mi vida que es mi hija (Si aún no la has visto te lo recomiendo).

Cuando me enteré que iba a ser mamá tuve una sensación como cuando se va el agua y te toca bañarte con agua de la pila a plenas 5 de la mañana y el frío del primer huacalazo te llega hasta los huesos, o como cuando esperabas un 10 en el examen y sacaste 6, o vas corriendo en una carrera de relevos y cuando ibas a pasar el bastón te tropezaste y caíste jajaja, pongo estos ejemplos porque me pasaron a mí,  quería gritar y llorar, de hecho lloré por horas, por suerte tuve un par de hombros en los cuales descansar (mis buenos amigos, unos siguen estando y otros simplemente les perdí la pista).

Los que me conocen de esos años saben muy bien la historia, que esa como tal no vale la pena ser contada en este post. Y empiezo así con total honestidad porque creo que nunca he podido ser de otra forma, ser madre y/o ser madre soltera puede ser tan terrorífico como el Huracán Mitch o los dos Terremotos del 2001 o tan hermoso  como ver un cielo estrellado en noche silenciosa, ver un amanecer de principio a fin o comerte un par de pupusas recién sacadas del comal más cuando tenes hambre (que superficial).

En mi caso fueron, siguen y seguirán siendo ambos, y en el baúl de los recuerdos hay ambos. Entre los terroríficos cuando se enferman graves por primera vez y tenes que salir corriendo al hospital, o cuando sabes que tenes que corregir un mal comportamiento y luego quedas con remordimiento de conciencia o cuando tenes que hacer tareas con ellos y salen un ejercicio de Mate que ni siquiera recordas como hacer pero temes quedar como tonto frente a ellos, o como cuando queres un momento de soledad y no podes porque sabes que tenes que estar allí, esos para citar un par de ejemplos pero ufff de esos hay infinidad y cada uno de los que lea esto saben que así es. Entre los hermosos e invaluables cuando sin previo aviso te llevan algo diseñado y pensado solo por ellos para demostrarte que te aman, los abrazos y los besos, cuando hacen su primer acto en el colegio (querés grabar todo), cuando ganan su primera medalla o trofeo (estas que el corazón no te cabe en el pecho del orgullo), cuando estas enfermo y ellos con todo su cariño intentan hacerte comida, esos ejemplos también son pocos para los que yo guardo en mi memoria.

Fiorella fue y es hoy por hoy lo máximo, me hizo caso y se sentó cuando estaba en la barriga más o menos a los seis meses (no quería tener un parto normal, no imaginaba ese estrés así que rogaba una cesárea), no recuerdo desvelos porque se levantara a media noche, no recuerdo muchas peleas ni tener que corregirla en exceso aunque tiene su carácter, aprendió a caminar y hablar rápido y bien así que no tuve que adivinar que decía, trabaja muy bien sola sus tareas, en fin una maravilla que debo agradecer a Dios tal cual.

Abajo ven la fotografía de celebración de cumpleaños adelantado que hicimos con toda mi familia el finde pasado. Cuando la veo simplemente me parece increíble que el tiempo haya pasado tan rápido que ya el lunes cumpla once años, que me llegue a los hombros, que esté en quinto grado, wow es demasiado por asimilar. Me perdí mucho de sus primeros años por el trabajo y el estudio como sus primeros pasos y palabras y algunos actos del colegio, pero ahora tenemos conversaciones de banalidades pero también temas como la Oferta y la Demanda; de todo y  nada como buenas amigas, momentos de jugar futbol en la sala de la casa, de sentarnos a ver una peli juntas. Son todas esas cosas las que hacen que el paso por la vida sea mágico, que hacen que el viaje realmente valga la pena.

Y con esto no digo que no podás ser feliz sin esposo y sin hijos, cada uno piensa y vive como mejor le parece, simplemente que todos tomamos decisiones en la vida y hay que aprender a aceptar sus consecuencias (buenas o malas), y tratar de ser felices con ellas,  sin vivir pensando que hubiera pasado si… ese es el peor error.

En fin concluyendo la nota, veo en retrospectiva y podrá no estar todo en el “orden correcto”, ni como imaginé que sería cuando era una niña, pero lo que soy ahora es parte de lo que mis padres me enseñaron, parte de personalidad, parte de las oportunidades y pruebas que Dios puso en mi camino y las decisiones que tomé respecto a ellas. Hoy puedo decir con certeza que soy feliz, y lo que aún no marcha como debería bueno tengo tiempo aún de reflexionar y enmedar si fuere necesario.


No soy maestra, ni la mejor de las madres, ni siquiera el mejor ejemplo a seguir, pero trato de replicar lo que mis padre hicieron bien conmigo y mejorar lo que estuvo medio bien. Si tienes hijos enseñale desde pequeño valores, a analizar para tomar decisiones, a ser independiente, a querer y respetar a Dios, su prójimo y a la naturaleza, comparte con ellos tiempo de calidad, diles que los amas cada día de tu vida, diles que te sientes orgulloso cuando lo merezcan y corrígelos cuando hayan cometido una falta. Los hijos en la mayoría de los casos son un reflejo de sus padres, es en parte tu decisión si quieres que ellos sean un mejor o un peor reflejo del tuyo.

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