Ayer por la tarde lo que iba a ser una salida madre e hija se convirtió en una especie de tiempo a solas, un tiempo conmigo misma.
La vida de padre a veces es complicada, aún más a medida van creciendo, esa rebeldía propia de todos los que tuvimos esa edad algún día. En lugar de ir con mi hija al cine como estaba planeado terminé yendo sola. Ir al cine sola nunca me ha molestado, lo he hecho varias veces ya que mis espacios libres generalmente no cuadran con los del resto del mundo, y nunca me he limitado de hacer cosas que me gustan porque no hay quien me acompañe.
Debo decir que aunque ya había leído que la película Un Gran Dinosaurio contenía un tributo a el Rey León, terminó tocándome más de lo que habría querido.
El Rey León es una de mis películas favoritas, la he visto muchas veces y casi me sé los diálogos de memoria, pero a veces una película es cómo un libro, siempre encontrarás algo nuevo en cada relectura.
Hablando sobre lo técnico de la película hay que decir que Pixar se supera cada vez más, el realismo de los paisajes y el movimiento fue espectacular, tanto que podrían sentir la sensación de las gotas de lluvia cayendo y la brisa moviendo los árboles y los cultivos. La historia tenía sus matices propios pero efectivamente tomó un par de escenas del Rey León y las tropicalizó a la historia que contaban, fue un gran tributo.
Pero lo que fue para mí realmente emocionante fue que tocó fibras sensibles como hija y como madre. Tengo ya ocho años que no vivo con mi papá y aunque está vivo somos una familia "especial" muy poco dada a las demostraciones de afecto, pero sobre todo a demostrarle a otros que los necesitamos.
Mi relación con mi padre siempre ha sido muy fuerte, en lo positivo siempre ha sido mi modelo, y hay cosas que he logrado que además de complacerme a mi, las he hecho por orgullo y coraje para demostrarle que soy la mejor hija que podría ser, para que ambos se sintieran orgullosos de mi.
En la película hay dos enseñanzas básicas, la primera es Si queremos dejar una Marca se debe hacer algo más grande que nosotros mismos, lo que me hizo pensar nuevamente en cuál es mi propósito en esta vida, cuál es la marca que dejaré o si lo que soy ahora es suficiente, cuánto más debo crecer, la verdad creo que aún no lo descubro. De momento solo puedo decir que he tratado en la medida de mis posibilidades disfrutar al máximo mi vida, aprender lo que ésta quiera enseñarme, y de hacer más agradable la vida de otros en su cruce con la mía, así sea efímero o permanente.
La segunda es el valor que tienen los amigos y la familia. Mis amigos forman una parte infinitamente importante de quien soy, tengo la dicha de conservar amigos que he conocido en cada una de las etapas de mi vida, y si bien no tenemos tampoco una relación típica, ellos son igual o más locos que yo y eso me encanta, con todo eso sé con total certeza que estarán allí para mí, porque así ha sido hasta ahora, algunos cambian ciclo y se alejan de tu vida pero eso no quita la forma en que te marcaron en su momento. Me encanta conocer gente nueva siempre, es interesante ampliar el rango de visión del mundo. Los amigos son como un imán invisible que te mantiene en el centro cuando más lo necesitas. Y la familia al final del día son los que estarán contigo de forma incondicional, tengo la dicha de tener dos padres maravillosos con todo y sus defectos, una hermana menor con la que debo aceptar no he sido el mejor de los ejemplos ni el mejor de los soportes, y mi hija que es mi razón más grande de vivir, y aunque suene a vanidad, es el mejor de mis tributos a la vida.
Recordar que tienes en la vida personas importantes por las cuales debes hacer un mejor y mayor esfuerzo, te toca en lo profundo. El que a veces sea fría y práctica no significa que no sienta de la manera tan intensa como lo hago. De hecho gran parte de lo bueno que tengo en mi vida es gracias a ese fuego, a la pasión con la que vivo.
Creo que aún no he llegado a la punta del iceberg, apenas estoy recorriendo parte del cuerpo bajo el agua, estoy segura que Dios aún tiene para mi más retos y cosas por descubrir, cosas por hacer y compartir, él no improvisa.
Si amaron el Rey León, esta les encantará. Les invito a verla, a compartir un rato en familia o solos, finalmente todos necesitamos momentos para respirar y sentir el mundo libres.
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