Creo que para nadie en El Salvador resulta una sorpresa que una vez entramos a la cuenta regresiva para las siguientes elecciones comenzamos a observar una serie de acontecimientos que se repiten en el tiempo, hablemos un poco de algunas de ellas.
Elecciones Internas de los Partidos Políticos.
Siempre que se acercan las elecciones cada partido político, se da a la tarea de buscar sus "mejores cartas" para competir y salir vencedor en los escrutinios, para esto y para validar el apoyo a la "democracia interna" los mismos hacen elecciones internas que dan como resultado la elección popular de sus representantes. Como sabemos, esto es un procedimiento viciado y altamente influenciado por los liderazgos y poderes económicos que al final son los que deciden quién va y quién se queda sólo con un "gracias por participar". Entonces, lo que debería ser una fiesta democrática se convierte en un mero evento en el que todos participan pero ya saben que de democracia nada, empezamos desde allí muy mal.
Los acercamientos con la población por parte de los "elegidos"
Esto es una de las cosas que me generan más pena e indignación, porque simplemente hacen campañas que para empezar los ponen en ridículo a ellos, segundo no benefician realmente a nadie, y tercero que lejos de causar simpatía a la población terminan siendo los bufones del pueblo, lo más triste es que en alguna medida es realizado con el presupuesto que se brinda a los partidos políticos, que como siempre sale del bolsillo de los contribuyentes, otra parte de financistas que compran así favores futuros y voluntades, total el gran perdedor siempre es el pueblo al que "representan".
Capacidad e idoneidad para el puesto que van a desempeñar
En nuestro país por Constitución, se establecen como requisitos para poder ser nombrado Presidente de la República, Ministro o Viceministro y Diputados, básicamente los mismos requisitos mínimos: "ser salvadoreño por nacimiento, mayor de veinticinco años de edad, del estado seglar, de moralidad e instrucción notorias; estar en el ejercicio de los derechos de ciudadano y haberlo estado en los seis años anteriores a su nombramiento." Y están bien, sin embargo podemos entrar a discutir desde diferentes enfoque dos puntos: el primero que tiene que ver la moralidad e instrucción notorias.
De nuestros 84 diputados (35 de ARENA, 31 del FMLN, 11 de GANA, 6 del PCN y 1 del PDC) y nuestros actuales y anteriores Ministros, muchos de ellos se han visto envueltos en escándalos de corrupción antes, durante y después de ocupar sus cargos, lo más triste de todo, es que a pesar de que eso es un secreto a voces, a veces inclusive sirve de burla pues se jactan de los actos cometidos, en lugar de ser castigados y vetados por sus respectivos partidos, simplemente reciben una palmada en la espalda y una segunda oportunidad de participar en las filas, y es tal la instauración del poder interno que éstos poseen al menos en elecciones para Diputados que con apoyo de la élite de sus respectivos partidos siguen ubicándose en los primeros escaños en las papeletas de votación y por todos aquellos que acatan la instrucción de votar por bandera siguen obteniendo un curul en la Asamblea.
Lo anterior es un simil a lo que Platón rechazaba de la democracia ateniense, el cual basaba su principio fundamental en que "cualquier ciudadano es competente para desempeñar funciones públicas sin necesidad de preparación previa y sin tener en cuenta ni sus conocimientos ni su virtud".
Platón refutaba lo anterior con el símil del navío: del mismo modo que no aceptaríamos viajar en un navío en el que la tripulación es inexperta, están bebiendo y entregándose a la juerga, tampoco deberíamos aceptar un régimen político como la democracia en el que el timón del Estado está en manos de la masa ignorante y manipulada.
Creo que podemos estar de acuerdo en que Platón no estaba tan errado en su teoría, y si bien existen algunas excepciones a la regla, en la cuál podemos encontrar prospectos con mucha ética, responsabilidad, inteligencia y amor a su país, no son los que constituyen la mayoría, ni son los que realmente vemos representados en la Asamblea y en los puestos claves del Gobierno.
Con todo este preámbulo, se vuelve cada vez más aceptada la invitación a no votar o a generar un voto nulo. Francamente yo lo haría con todo gusto, sin embargo, para que esta iniciativa tuviera el efecto deseado, debe existir un consenso generalizado en la población de anular o no presentarse a votar, pero en una realidad tan polarizada, tan falta de liderazgo real nacido del pueblo o de voz popular, con la posibilidad latente de un fraude electoral ¿será la mejor decisión?
Al final, lo resolverían como se hizo por ejemplo en Perú volviendo una obligación la asistencia a las urnas. Creo que no ejercer nuestro derecho de voto podría ser una buena medida de presión, pero de nuevo la pregunta, ¿será la mejor decisión dejar en manos y en la mente de otros los resultados de los próximos años? ¿Aceptaremos los resultados por la elección de otros? ¿Seguiremos dejando a otros la responsabilidad de elegir por nosotros? ¿Seguiremos culpando a otros por nuestra realidad?
¿Tenemos los gobernantes que merecemos? Parece que si, poco o nada queda del pueblo que se levantaba ante las injusticias, somos incapaces de unirnos ni siquiera por una causa noble y representativa, siempre hay dos bandos para todo.
¿Seguirán existiendo dos bandos cuando ya no haya nada que salvar?
Capacidad e idoneidad para el puesto que van a desempeñar
En nuestro país por Constitución, se establecen como requisitos para poder ser nombrado Presidente de la República, Ministro o Viceministro y Diputados, básicamente los mismos requisitos mínimos: "ser salvadoreño por nacimiento, mayor de veinticinco años de edad, del estado seglar, de moralidad e instrucción notorias; estar en el ejercicio de los derechos de ciudadano y haberlo estado en los seis años anteriores a su nombramiento." Y están bien, sin embargo podemos entrar a discutir desde diferentes enfoque dos puntos: el primero que tiene que ver la moralidad e instrucción notorias.
De nuestros 84 diputados (35 de ARENA, 31 del FMLN, 11 de GANA, 6 del PCN y 1 del PDC) y nuestros actuales y anteriores Ministros, muchos de ellos se han visto envueltos en escándalos de corrupción antes, durante y después de ocupar sus cargos, lo más triste de todo, es que a pesar de que eso es un secreto a voces, a veces inclusive sirve de burla pues se jactan de los actos cometidos, en lugar de ser castigados y vetados por sus respectivos partidos, simplemente reciben una palmada en la espalda y una segunda oportunidad de participar en las filas, y es tal la instauración del poder interno que éstos poseen al menos en elecciones para Diputados que con apoyo de la élite de sus respectivos partidos siguen ubicándose en los primeros escaños en las papeletas de votación y por todos aquellos que acatan la instrucción de votar por bandera siguen obteniendo un curul en la Asamblea.
Lo anterior es un simil a lo que Platón rechazaba de la democracia ateniense, el cual basaba su principio fundamental en que "cualquier ciudadano es competente para desempeñar funciones públicas sin necesidad de preparación previa y sin tener en cuenta ni sus conocimientos ni su virtud".
Platón refutaba lo anterior con el símil del navío: del mismo modo que no aceptaríamos viajar en un navío en el que la tripulación es inexperta, están bebiendo y entregándose a la juerga, tampoco deberíamos aceptar un régimen político como la democracia en el que el timón del Estado está en manos de la masa ignorante y manipulada.
Creo que podemos estar de acuerdo en que Platón no estaba tan errado en su teoría, y si bien existen algunas excepciones a la regla, en la cuál podemos encontrar prospectos con mucha ética, responsabilidad, inteligencia y amor a su país, no son los que constituyen la mayoría, ni son los que realmente vemos representados en la Asamblea y en los puestos claves del Gobierno.
Con todo este preámbulo, se vuelve cada vez más aceptada la invitación a no votar o a generar un voto nulo. Francamente yo lo haría con todo gusto, sin embargo, para que esta iniciativa tuviera el efecto deseado, debe existir un consenso generalizado en la población de anular o no presentarse a votar, pero en una realidad tan polarizada, tan falta de liderazgo real nacido del pueblo o de voz popular, con la posibilidad latente de un fraude electoral ¿será la mejor decisión?
Al final, lo resolverían como se hizo por ejemplo en Perú volviendo una obligación la asistencia a las urnas. Creo que no ejercer nuestro derecho de voto podría ser una buena medida de presión, pero de nuevo la pregunta, ¿será la mejor decisión dejar en manos y en la mente de otros los resultados de los próximos años? ¿Aceptaremos los resultados por la elección de otros? ¿Seguiremos dejando a otros la responsabilidad de elegir por nosotros? ¿Seguiremos culpando a otros por nuestra realidad?
¿Tenemos los gobernantes que merecemos? Parece que si, poco o nada queda del pueblo que se levantaba ante las injusticias, somos incapaces de unirnos ni siquiera por una causa noble y representativa, siempre hay dos bandos para todo.
¿Seguirán existiendo dos bandos cuando ya no haya nada que salvar?
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