sábado, 10 de noviembre de 2018

MI HISTORIA CON EL ALCOHOL

Hola a todos, esta noche me atreveré a escribir una de esas notas con mucha información personal,  quizá me tocó la muerte de esa chica ayer por la madrugada, principalmente porque me pregunto  ¿Cuántas veces pudimos haber sido esa chica sin darnos cuenta?. Por si no saben a qué me refiero, dale click.

Yo nací en el 82 cuando la vida era quizá más bonita o más trágica, depende de los ojos que lo vean. Fui una hija perfecta hasta los quince, edad en la que alguien con una esencia como la mía empieza a gritar que necesita libertad, época en la que sin llegar a ser rebelde hacía las cosas a mi manera (hay cosas que nunca cambian).

Mi primer contacto con el alcohol fue con mi padre, nunca he considerado que mi padre haya sido alcohólico con toda la extensión, pero reconozco que hubieron años que fueron un tanto oscuros, bastante difíciles de manejar. Es decir, un día pasas de comprar cuatro cervezas para tomarlas tranquilo en tu casa y sin darte cuenta un día llegas de madrugada porque andaba de juerga y eso se repite varias veces en la semana, episodios de violencia verbal aislada y así. Esta es una historia con la que algunos se pueden sentir identificados.

También fue mi padre con quien bebí cerveza y tequila por primera vez, porque él era del pensar "mejor que la pruebes y sepas como te cae estando conmigo y no con otros que se puedan aprovechar de ti", al final creo que eso fue una decisión sabia. Muchos pueden decir que es inducirnos en un mundo "negativo", y es probable que así sea, pero es un mundo en el que casi inevitablemente caeremos de una forma u otra, y creo que lo mejor es saber que pasa con alguien de tu confianza. Ahora muchos somos padres, convendría pensar en eso y cómo vamos a manejarlo con nuestros hijos.

Mis primeras salidas a fiestas, bares y discotecas fueron por el 2001, a mis 19 años, estudiaba y trabajaba, y pues hacía con mi dinero lo que quería, y sí, como muchos de nosotros, lo que hicimos fue jodernos el salario en pagar la U, compra cosas y salir. Pues siendo muy honesta, en esa época salía todos los fines de semana, y me bebía entre 6 y 10 cervezas (casi siempre alguien más las pagaba), fueron como dos años de locura, que terminaron cuando concebí a mi hija, y si el alcohol también tuvo algo de responsabilidad (aunque solo la primera vez).

De esa época sinceramente pude no salir viva, mis amigos bebían como si no hubiera mañana, tanto los de la U como los del trabajo. Yo nunca tuve un accidente de tránsito, nunca vomité ni me dormí en público, nunca me pelee ni tuve un incidente del cual me apene, pero vaya que me divertí y me asusté viendo como eso le pasaba a mis amigos. Empecé a tener más cuidado y controlar la cantidad de cervezas que tomaba, comía entre cada tanto y antes de salir del lugar si me sentía mareada me bebía una botella de agua o una coca cola, o ambas para que me bajara un poco.

La razón principal, es que en algunas ocasiones mi calor corporal me dominó y terminé en la cama con alguien que conocía, pero que en circunstancias normales no habría pasado, el juicio se nubla bastante y esa teoría que con un par el 5 se vuelve 8 es cierta, y no siempre compartis intimidad con los mejores prospectos. Yo tuve la suerte que en esa ruleta rusa nadie estuviera enfermo, nadie me violara, nadie me maltratara, nadie me dañara de ninguna forma, cosa que no podemos decir de muchas que no han corrido con la misma suerte.

Desde esa época comencé a poner más atención en los detalles, y entonces descubrí cosas como que si andas muy estresado o triste, 3 cervezas caen como 6, también que si has consumido algún medicamento mejor te abstengas (el oso de peluche que tenía en mi cama en esa época lo sabe), y otras cosas más que de nuevo he aprendido a fuerza de que en algún momento me pasé de la raya.

Después de mis 30 solo puedo decir que bebo de una forma social, es decir máximo 3 cervezas o tragos una vez al mes si acaso (si sobra dinero y ganas), porque mi organismo ya no puede ni con el desvelo ni con la goma. Ya esos tiempos locos pasaron, y sin embargo, de hace dos años tengo una anécdota divertida y otra no tan divertida que pudieron terminar aún peor.

Como escribía en un tuit, uno alcoholizado no sabe lo que es el miedo ni la pena, y la divertida fue que en cierta ocasión después de bastante ron que me eleva el calor aún más rápido y bailar por horas, nos dio de forma muy espontánea tener sexo en el carro, en el parqueo del centro comercial, luego de algunos minutos, nos tocaron la ventana del carro y el asunto se resolvió pagando una multa y el llamado de atención, pero ¿Qué tal si los seguridad hubieran sido más estrictos? ¿y si llaman a la policía? ¿Qué tal si el video de vigilancia de alguna forma alguien lo hubiera viralizado?... Uno no piensa claramente las consecuencias de los actos.

En otra ocasión también en las manos mi archi enemigo el ron, después de una discusión muy fuerte en todo el camino con mi acompañante, aceleré mi vehículo de forma muy irresponsable, me pasé varios altos en rojo y llegando a mi casa mientras me parqueaba violentamente golpee la llanta delantera y la estallé. Las emociones y el alcohol no hacen buena pareja, mucho menos si son emociones de ira, de nuevo uno no piensa claramente, además tus sentidos no responden tan rápida o sincronizadamente como en su estado natural.

Pensemos que consecuencias pueden haber de muchos tipos, alguna vergüenza frente a los amigos como la más leve de todas, también podes terminar preso, invalido o muerto como los jóvenes de la noticia.

Divertirse está bien, pero es mejor hacerlo de la forma más responsable posible.

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