Un día mientras aún juntaba las partes de un corazón que estaba a trozos marchito, en otros podrido, en otros tan lleno de grietas que se hacía imposible restaurarlo de una, traté con un poco de esfuerzo de liberar el último anzuelo que estaba clavado.
Digo con un poco de esfuerzo porque a veces nos aferramos a ese anzuelo, porque pasó tanto tiempo clavado que crees que sacarlo es peor que arrancarlo de tajo, pero en un día de esos que la esperanza puede más y con toda esa tolerancia al dolor acumulada, decides apretar los dientes, tirar con todas tus fuerzas.
Sangra, duele, y queda un agujero.
Tomas ese trozo marchito, ese otro trozo podrido, ese otro trozo astillado y el último agujereado donde estaba el anzuelo, y comienzas con la destreza de un cirujano o de un artista, a aplicar las suturas, costuras adecuadas a cada una, silicona y hasta poxipol donde haga falta.
La experiencia me dice que después de ese trabajo tan intenso, lo que logra que se vuelva tan radiante como era, es un toque de perdón, misericordia y paz que solo Dios brinda.
Entonces, tomas aire, una buena bocana de aire, pero cuidado con los mosquitos, no sea que te atores.
No es que todo ese tiempo hayas dejado de vivir y de respirar, de ninguna forma, pero si es probable que hayas perdido un par de decibeles en tu sonido y par de lúmenes en tu brillo. Después de la restauración todo simplemente fluye, sonríes con total naturalidad, brillas sin ningún esfuerzo y vuelves a estar en el juego.
Existen personas en el mundo que pueden vivir sin emociones fuertes, yo no soy una de ellas, y se vuelve casi vital encontrar momentos, lugares, actividades y personas que me brinden adrenalina.
Y así colecciono actividades de a poco que me van dando placer y emoción, así colecciono aventuras de un rato que me dan lo que necesito, así colecciono momentos con mis amigos y familia que me llenan de alegría, colecciono lecturas e imágenes que generan sorpresa y excitación y así más cosas. Pasan los días, los meses y me sorprendo al recorrer el sitio reconstruido y que parece nuevo.
Pero siempre pasa, que la vida te lleva a calles que te parecen conocidas, en las que te sentis cómodo y no podes evitar quererte perder ellas...
Encontras una sonrisa nueva y unos ojos que te inundan de paz, pero también de deseo, que te hacen volver a sentir las ganas de llevarte a ti y a él a una especie vórtice de excitación, de verlo disfrutar con tu presencia, de ver que piensa en vos y también te extraña a ratos, que aunque parezca una locura, es una locura que quisieras estrechar, besar y acariciar centímetro a centímetro.
Entonces volves cada día por una dosis de eso, volves a buscar esa sonrisa y esos ojos, volves por eso que no es un juramento de felices por siempre, mas bien es una promesa de un felices mientras nos tomemos de la mano y de las nalgas, mientras nos queramos con el cuerpo y con la mente, mientras ambos queramos volver por más, mientras nuestras rarezas sigan atrayéndonos porque no existen muchos de nuestra especie.
Entonces vuelvo en busca de su sonrisa, mientras la mía se dibuje al recordarle.
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